MARÍA MERCEDES CARRANZA – POETA COLOMBIANA

Mayo 24, 2021
Arte y cultura

Poetisa y periodista colombiana nacida en Bogotá el 24 de mayo de 1945 y fallecida el 11 de julio de 2003. Hija del poeta y diplomático Eduardo Carranza y de Rosa Coronado, viajó desde temprana edad a Europa en compañía de su padre, donde se establecieron en España y Francia. De esta manera, María Mercedes Carranza tuvo la oportunidad de conocer e interactuar con algunos de los poetas más reconocidos de la época; entre ellos, Panero, Rosales, Ridruejo y Luis Felipe Vivanco. Concluyó sus estudios en la Universidad de los Andes, donde obtuvo una licenciatura en Filosofía y Letras.

img

Ejerció el periodismo trabajando para periódicos como El Siglo de Bogotá y El Pueblo de Cali, donde dirigió las páginas literarias Vanguardia y Estravagario, esta última con su esposo, el escritor Fernando Garavito. Durante trece años fue jefe de redacción de la revista Nueva Frontera. Durante los años que precedieron su muerte estuvo a cargo de la sección de crítica literaria de la revista Semana.
En el ámbito político, María Mercedes Carranza apoyó la campaña a la presidencia de Luis Carlos Galán por medio del movimiento Nuevo Liberalismo y fue parte de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 representando el movimiento Alianza Democrática M-19. En al año 1986 asumió la dirección de la Casa de Poesía Silva, en la que trabajó hasta el día de su muerte.

Al revisar sus constelaciones familiares es inevitable no elaborar conjeturas sobre la predestinación de convertirse en una artista e intelectual. Hija del reconocido poeta y diplomático Eduardo Carranza y su tía abuela materna fue la escritora Elisa Mújica.

Su padre representó una figura presente desde pequeña y hasta la edad adulta: mientras sus otros hijos estaban en un internado en España, María Mercedes estaba ahí, en casa. Ella creció, los lazos afectivos entre el padre y la hija también.

img

A un nivel más personal, la triste situación del país la afectó directamente cuando su hermano Ramiro Carranza fue secuestrado por las FARC. Por esta razón, hasta poco antes de su muerte lideró una campaña por la paz que buscaba la liberación de los secuestrados.

Después de sufrir una larga depresión, María Mercedes Carranza se quitó la vida el 11 de julio de 2003 en su apartamento de Bogotá al tomar una sobredosis de píldoras antidepresivas. Tenía 58 años de edad cuando falleció. Un año después de su muerte, la Casa de Poesía junto con el Ministerio de Cultura y la Editorial Alfaguara, publicaron un libro editado por su hija Melibea Garavito Carranza, que contiene cinco poemas inéditos de Carranza.

Fue autora de Vainas y otros poemas (1972), Tengo miedo (1983), Maneras de desamor (1993), Hola, soledad (1987), El canto de las moscas (1997). Dirigió la Casa de Poesía Silva entre el 24 de mayo de 1986 y el 11 julio de 2003. Desde el centro cultural gestionó eventos masivos con los que logró posicionar a la poesía en la agenda cultural nacional. Entre los eventos estuvieron La poesía tiene la palabra en 1987 en Bogotá, Medellín, Cali y Cartagena; Alzados en Almas en 2000 y Descanse en paz la guerra en 2003. María Mercedes Carranza fue una de las máximas exponentes de la poesía en Colombia.

Bogotá 1982, un poema de María Mercedes Carranza

Nadie mira a nadie de frente,
de norte a sur la desconfianza, el recelo
entre sonrisas y cuidadas cortesías.
Turbios el aire y el miedo
en todos los zaguanes y ascensores, en las camas.
Una lluvia floja cae
como diluvio: ciudad de mundo
que no conocerá la alegría.
Olores blandos que recuerdos parecen
tras tantos años que en el aire están.
Ciudad a medio hacer, siempre a punto de parecerse a algo
como una muchacha que comienza a menstruar,
precaria, sin belleza alguna.
Patios decimonónicos con geranios
donde ancianas señoras todavía sirven chocolate;
patios de inquilinato
en los que habitan calcinados la mugre y el dolor.
En las calles empinadas y siempre crepusculares,
luz opaca como filtrada por sementinas láminas de alabastro,
ocurren escenas tan familiares como la muerte y el amor;
estas calles son el laberinto donde he de andar y desandar
todos los pasos que al final serán mi vida.
Grises las paredes, los árboles
y de los habitantes el aire de la frente a los pies.
A lo lejos el verde existe, un verde metálico y sereno,
un verde Patinir de laguna o río,
y tras los cerros tal vez puede verse el sol.
La ciudad que amo se parece demasiado a mi vida;
nos unen el cansancio y el tedio de la convivencia
pero también la costumbre irremplazable y el viento.