¿Cómo explicar la muerte a un niño según su edad?

Mayo 11, 2021
El Grupo
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El Grupo de Apoyo de Uniandinos organizó un interesante conversatorio llamado ‘El niño ante la muerte en tiempos presentes’. Desde México, María Andrea Godínez Sánchez, especialista en tanatología (disciplina integral que aborda todo lo relacionado con el fenómeno de la muerte en el ser humano), nos compartió sus conocimientos y experiencias sobre este importante tema para los padres de familia.

Godínez, inició definiendo el duelo en los niños como ese proceso después de una perdida, ya sea de un ser querido, de una mascota, el cambio de residencia o la separación de los padres. Según ella, el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado esa perdida.

“El duelo no llorado, es un duelo no procesado. El llanto es una herramienta o un medio para lograr el equilibrio del organismo. Las lágrimas son un poder curativo que nos libera de ciertos neurotransmisores y de esa manera nos permite sentir una relajación. Se tiene que llorar lo que se requiera llorar, todo tiene un proceso y nace desde el primer momento que asimilamos esta experiencia”, comentó Godínez.

La doctora Godínez mencionó las fases del duelo en los niños:

Etapa 1: Ruptura de antiguos hábitos: Esta etapa puede durar aproximadamente dos meses y depende del tipo de experiencia que haya vivido el niño. Durante este tiempo, los niños vivirán cambios en su rutina que no serán fáciles de asimilar.

Etapa 2: Inicio en la reconstrucción de vida: Se muestra una gran resistencia y tiene una duración promedio de dos meses a un año. Es el momento cuando el niño siente nostalgia

Etapa 3:La búsqueda de nuevos objetos de amor o amigos: Esta etapa se presenta

cuando se cumple un año después de la perdida y ya el niño está más adaptado a la nueva realidad.

Etapa 4: Terminación de la readaptación: Se vive después de los dos años y ya ha sanado más el dolor. El niño sigue recordando a esa persona, pero ya tiene sus hábitos más estructurados.

De acuerdo con la especialista, los principales factores que influyen en esa adaptación son: la edad del niño, el tipo de relación que tenía con la persona fallecida, la madurez emocional del niño, el valor afectivo de la perdida, el periodo de advertencia de la muerte del ser querido y la comunicación en temas como la muerte, la enfermedad, la pérdida, el dolor y el sufrimiento.

Por otro lado, la especialista explicó que los niños perciben la enfermedad y la muerte dependiendo su edad. De 0 a 3 años, los menores no están preparados para entender la muerte y la enfermedad se entiende como algo que duele. De 3 a 5 años, aún no tiene claro el concepto de la muerte, lo interpreta como el abandono de los padres y su mente no la registra como un proceso radical e irreversible.

A los 7 años ya está en la etapa escolar y empieza a conocer el funcionamiento del cuerpo, además relaciona la enfermedad con un virus o bacterias. Es consciente de la muerte y despierta interés por los velorios o entierros. “Cuando se pierde una mascota, es una oportunidad excelente para iniciarle en esta formación, no es recomendable ocultar la muerte ni los rituales de despido”, agregó.

Finalmente, de los 8 a los 12 años el niño acepta que la muerte es un suceso irreversible, universal y que algún día va a suceder.

Por último, la doctora entregó unas recomendaciones a los padres para ayudar a sus hijos a superar esta situación:

  • Decirle que la muerte es inevitable y que todos mueren, plantas o insectos.
  • Es normal que se encuentre triste y extrañe al ser querido. Permitirle llorar y expresar lo que necesite; estar disponible para el niño, siendo cariñoso y reconfortante.
  • Hablar de la persona que falleció, de todo lo bueno que vivieron juntos, el evitarlo no beneficia nada. Si lo hablamos, el niño aprenderá a ver la muerte como una situación dolorosa, pero normal.
  • Hablar de manera sencilla, simple y con verdad de acuerdo con la edad del niño. Es importante que el niño esté cómodo y se sienta acogido. De ello dependerá sus creencias sobre la muerte a lo largo de su vida.
  • No decirle las siguientes frases: “no está muerto, solo se quedó dormido”, “se fue a un viaje muy largo”, “Dios se lo llevo a vivir con él”, “solo se mueren los enfermos”, “solo los ancianos se mueren”.
  • Usar vocabulario apropiado a su edad para evitar confusión y miedo.
  • No hablar más allá de lo que el niño pregunte.

A continuación, podrás ver el conversatorio completo en el que podrás profundizar sobre este importante tema: